Convecinos
nuestros de la dos veces milenaria Córdoba, ciudad dilecta de España que es Muy
Noble y Muy Leal, celebrada desde antiguo «casa de guerrera gente y de
sabiduría fuente clara» donde tan notable es todavía el apego a la Virgen Santísima
y a Nuestro Señor: ¡con qué dificultad lograrán sostenerse en el tiempo nuestras
ya decaídas tradiciones, si no las protegemos recogidos bajo una misma bandera!
Ahora
bien, no se halla en nuestro ánimo abogar ante Vds. por folclores o
historicismos, ni ejercer la defensa del llamado patrimonio, sino que aquello
que nos mueva a la militancia será siempre el empeño en la legítima Tradición
política cultivada por la legítima Tradición religiosa; y este combate contra
la Modernidad se encuentra, Deo gratias, sostenido sin interrupción por una
sola Causa: el Carlismo genuino y ortodoxo, el de la Comunión Tradicionalista,
última trinchera de las Españas convocada hoy por Su Alteza Real Don Sixto
Enrique de Borbón.
Sepan
entonces nuestros prójimos cordobeses que, desde el Círculo Tradicionalista San
Rafael Arcángel, invocando la intercesión de aquel venerado Custodio que fuera comunicador
de tan elevadas misericordias ante el Padre Roelas, llamamos en este día a
todos cuantos de buena voluntad encuentran en su espíritu aquel santo anhelo restaurador
que se concreta en el lema incorruptible de Dios, Patria, Fueros y Rey legítimo,
a fin de situar de nuevo el nombre de Córdoba en las filas de la contrarrevolución;
porque el Carlismo nunca ha sido algo ajeno a las grandezas de esta ciudad,
cuna de mártires sin número: «no es posible ver mayor entusiasmo y decisión por
nosotros que la que vimos en Córdoba, su provincia y casi toda Andalucía, y
estoy persuadido de que, si hubiéramos podido fijarnos aquí, en menos de un mes
se hubiera pronunciado por la justa causa la Andalucía entera y hubiera
desaparecido de ella en un abrir y cerrar de ojos la revolución: tal es el
espíritu que observamos en ella» (relato del General D. Miguel Gómez).
El
Rey San Fernando, liberador de la ciudad en 1236, hizo promesa en el Fuero de abogar
por Córdoba frente a cualquiera necesidad, y nosotros hemos de corresponder hoy
con nuestras obras. Por ello, bajo la mirada continua del Sagrado Corazón que
corona Sierra Morena, cuya mano diestra se eleva bendiciente hacia los cordobeses,
os exhortamos a militar en nuestra Comunión proclamando:
¡Viva Cristo Rey! ¡Viva
el legitimo Rey de las Españas!